Aviso: Este post puede contener spoilers, así como trazas de frutos secos y chocolates. Bajo su responsabilidad sea leido si no vió usted la película o es usted alérgico.
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La ola. Un instituto de secundaria en la primera década del siglo XXI en Alemania. Un
profesor progre que se ve obligado de forma irreversible a dar clase durante una semana sobre la autocracia como forma de gobierno, saboreando lo opuesto a su gusto público por la anarquía. Una serie de jóvenes de hoy en día que se enrolan en esa clase mas por el profesor que por la didáctica. Una pregunta de tinte histórico. Un experimento en busca de respuesta. Un movimiento creciente y ondulante que va arrasando todo por el camino. La ola.

En esta representación de la autocracia (cultismo formado por el poeta inglés Robert
Southey (17741843) para referirse a Napoleón y que proviene de la conjunción de autos (por si mismo) y cratos (poder, autoridad, gobierno)) somos testigos del creciente proceso de constitución de la identidad grupal estructurado y favorecido por medio de las normas tanto explícitas como implícitas. De todas ellas hay un conjunto que tal vez por ser las primeras pasan mas desapercibidas o parecen tener menos peso. El conjunto de normas iniciales explícitas, pues son directamente ordenadas por el líder, el profesor, consisten en sentarse con la espalda recta (pues favorece la respiración, la concentración y el equilibrio) y levantarse cada vez que se quiera hablar, dirigiéndose al profesor como señor. Esta norma tiene un fuerte componente afectivo y de aprendizaje ya que directamente conecta con los agentes socializadores primarios, como son los padres y la escuela, y tiene una función motivacional en tanto y en cuanto desde un imperativo relativamente amable se le invita a la persona a cuidarse a si misma, dando a entender que todo el grupo quiere estar sano y feliz y tener voz. Solo ha de cumplirse una estructuración. Por otro lado, una norma implícita que me llamó poderosamente la atención es la de discriminar a los no uniformados al acceso a cualquier tipo de concentración o reunión de carácter extraordinario, norma implícita, pues fue una derivación de la explícita de que debían de llevar todos el mismo uniforme, factor sumamente importante en la adquisición de unidad grupal, pertenencia e identidad. Esta norma formada por experiencia directa podría considerarse al mismo tiempo como un modo de comunicación persuasiva (Hovland, C y otros, 1953), puesto que siempre existía la alternativa fácil de unirse al grupo, para lo que te facilitaban los instrumentos de uniformidad. De este modo cualquiera podía experimentar fácil y rápidamente el sentimiento de pertenencia o, al menos, el de afiliación (Cazau, n. d.).
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La ola crece a un ritmo de vértigo, algo que ni el profesor ni los alumnos habían podido
imaginar, sobre todo teniendo en cuenta que el experimento se está haciendo para conocer si se podría volver a dar un caso de autocracia en el estado alemán. Según Doms (1987) toda persona, todo subgrupo o grupo que defienda activamente una posición diferente de la posición generalmente admitida en una sociedad, debe ser considerada como una fuente potencial de influencia minoritaria. Moscovici (1985) considera que la minoría debe ser consistente, con un mensaje que se perciba como coherente, diferente plausible, realista y objetivo y ella misma debe aparecer como confiada y comprometida con su punto de vista. La ola cumplía todos estos requisitos. A las palabras de Moscovici, Turner(1991) añadirá que la minoría consistente se caracteriza por romper la norma establecida y generar dudas e incertidumbre en la mayoría; hacerse visible, atrayendo la atención sobre sí; mostrar que no cambiará o se conformará por el mero hecho de ser minoría y, por último, proponer como solución para restaurar la estabilidad social y la coherencia cognitiva que la mayoría cambie hacia la minoría. Por supuesto, no es la consistencia el único factor a tener en cuenta. La ola tiene carácter nómico (ofrece una norma alternativa) por lo que es mas influyente, se adecua al contexto social, hace uso del crédito idiosincrásico, reproduce el llamado efecto de bola de nieve obteniendo respuestas desde la mayoría, posee cierta heterogeneidad, accede a individuos aislados del grupo mayoritario (Páez, I. y otros; 2007), siendo todas estas cualidades positivas que la acercan a posicionarse como un proceso de influencia minoritaria. Por último tengamos presentes los dos modelos teóricos que explican los procesos d influencia mayoritaria y minoritaria. Si tenemos en cuenta la postura de Moscovici (1980) por la cual las mayorías y las minorías producen formas
diferentes de influencias, terminaríamos de posicionarnos de forma favorable en cuanto a que la ola pueda definitivamente entenderse como un proceso de influencia minoritaria.

En La ola se torna muy sugerente el tema de la obediencia a la autoridad. Mucho se ha
escrito y experimentado en psicología sobre el por qué la solemos obedecer aunque ese acto la situe en contra de sus principios éticos. Desde la psicología profunda, encontramos reflexiones que concluyen que la causa de la obediencia está en el miedo. Desde la psicología conductista podemos observar que la obediencia es la conducta mas reforzada desde la mas tierna infancia, siendo en cambio la desobediencia la mas castigada. Desde la psicología cognitiva se mira hacia las ideas irracionales consecuentes al sentimiento de culpa derivado del continuo castigo. Y así podríamos seguir. Es en la ola donde apreciamos que el profesor Wenger comienza a vestir su rol como un lider liberal, el que hubiera sido probablemente en la clase de anarquia. Pronto, muy pronto, va tornando a lider democrático, para terminar ocupando el posicionamiento que por activa y por pasiva le estaban demandando, el del lider autocrático. Un ejemplo de esto lo encontramos tambien en el encargado de llevar el grupo de teatro. Dentro de la comunidad de alumnos no todos estaban tan entusiasmados con el proyecto, digamos que muchos, tanto en el proyecto como fuera de el serían considerados masa poblacional. Con tim encontramos un ejemplo del apasionado que podría llegar a matar (o matarse) por obediencia a la autoridad. Tambien podemos encontrar ejemplos de resistencia al poder, incluso de subversión al nuevo poder creciente. El profesor Wenger, al igual que el profesor Zimbardo, llegó a perderse y confundirse dentro de su propio experimento, argumentando con este hecho, una vez mas, que la obediencia ciega forma parte de la condición básica humana manifestada por la presión de la situación, máxime en un comportamiento grupal.
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El personaje de Tim es sumamente importante en esta película, tal vez estereotipada y
previsible en exceso. Tajfel (1978) se fijó como objetivo en la perspectiva de la identidad social explicar el prejuicio, la discriminación y las relaciones intergrupales sin recurrir a los factores de personalidad de los individuos o a las diferencias individuales, por lo que la identidad personal y el comportamiento individual y grupal deberían ser entendidos como partes de la pertenencia a los grupos. La identidad social de Tim pronto quedaría constituida por aquellos aspectos de su autoimagen como miembro perteneciente de pleno derecho a una categoría social y a un grupo. Conforme se aumenta la identificación con el endogrupo se pasa del extremo interpersonal al intergrupal, lo que motivó a Tim a la búsqueda de una identificación positiva a favor de su propio grupo en comparación por ejemplo con su grupo familia. Muy pronto Tim pasaría a elegir esta como su única realidad a vivir. Demasiado pronto Tim vivía en La ola, para La ola y por La ola. Tim llegó a ser La ola y con su fin terminó todo.
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Segunda imagen: La ola. Laura Sequeiros.







